Hay un detalle de los Shelly que mucha gente desconoce: además de conectarse a tu Wi-Fi como cliente, pueden emitir su propia red. Y si un dispositivo puede emitir una red, otro puede conectarse a ella.
Eso abre dos posibilidades con el material que ya tienes en la instalación, sin comprar un repetidor: llegar a un rincón con cobertura mala, y mantener el control de los dispositivos cuando la red principal se cae.
El montaje
Dos dispositivos, con papeles distintos:
- El dispositivo A está en buena cobertura, conectado a tu router, y tiene activado el modo punto de acceso. Emite su propia red.
- El dispositivo B está lejos, con señal justa o intermitente. Lleva configuradas dos redes: la principal de la casa y, como secundaria, la que emite A.
B intenta siempre la principal. Si no la encuentra, se pasa solo a la red de A y sigue operativo.
Cómo se configura
En el dispositivo A, entra en su interfaz web y busca los ajustes de modo Wi-Fi. Ahí activas el modo punto de acceso y defines el nombre de red y la contraseña que va a emitir. Apunta las dos cosas: las necesitas en el paso siguiente.
En el dispositivo B, en sus ajustes de Wi-Fi, añade las dos redes: la principal como primera y la de A como secundaria. Hazlo con B cerca de A mientras configuras, y llévalo a su sitio definitivo después.
Si estás montando esto en una instalación con varios dispositivos, provisionarlos antes en lote con la aplicación SIT-IoT ahorra la parte tediosa: todos entran en la red principal con su IP estática de una pasada, y luego solo tocas los dos que van a hacer de A y B.
Qué resuelve de verdad, y qué no
Aquí conviene ser preciso, porque es fácil esperar de esto más de lo que da.
Sí resuelve el alcance. Un dispositivo en el límite de cobertura —el del sótano, el de la terraza, el del garaje al fondo— deja de depender de una señal justa.
Sí mantiene el control local cuando el router se reinicia o se cuelga. Las automatizaciones entre dispositivos y el acceso desde dentro de la casa siguen funcionando.
No sustituye a internet. Y esta es la parte que hay que entender antes de vender el montaje a un cliente: si lo que se ha caído es la conexión de la casa, la red de respaldo no te devuelve el acceso remoto ni las notificaciones a la nube. El dispositivo A está conectado a un router que no tiene salida. Lo que ganas es control dentro de la instalación, no fuera.
Dicho de otro modo: es un respaldo de red local, no de conectividad. Sabiendo eso, sigue siendo muy útil; esperando otra cosa, decepciona.
Comprobar que el respaldo funciona
Un respaldo que nadie ha probado no es un respaldo. La prueba es sencilla y hay que hacerla: apaga el router principal y comprueba que el dispositivo B sigue respondiendo. Si lo hace, se ha pasado a la red de A.
Lo que es menos sencillo es detectar el fallo silencioso: que B no conserve bien la red secundaria y lleve semanas desconectado sin que nadie lo note, justo hasta el día en que hacía falta.
En la consola, la columna de última conexión es lo que vigila eso sin esfuerzo. Un dispositivo que debería estar siempre en línea y lleva días sin reportar es una avería que aún no se ha manifestado. En una instalación entregada a un cliente, ese vistazo periódico es la diferencia entre encontrarlo tú o que te llamen.
Cuándo no es la solución
Si la cobertura es mala en media casa, esto es un parche. Un punto de acceso en condiciones resuelve mejor el problema de fondo, y los dispositivos agradecen una señal estable más que una alternativa a la que saltar.
Y recuerda lo básico antes de dar por hecho que el problema es de alcance: estos dispositivos solo ven la banda de 2,4 GHz, necesitan WPA2 como mínimo, y agradecen un canal fijo en 1, 6 u 11. Muchas «zonas sin cobertura» son en realidad un router publicando las dos bandas bajo el mismo nombre.
El montaje funciona con dispositivos Gen2, Gen3 y Gen4, igual que la aplicación y la consola. La app está en Google Play: SIT-IoT Smart Installer Tool.